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Restaurante La Granja Rural Food. Madrid




DELICIOSA COCINA DE CAMPO EN LA CIUDAD
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Nos habían hablado de este restaurante hace un tiempo y coincidiendo que habíamos quedado a cenar con unos amigos por la zona de Argüelles, nos pareció buena elección probarlo. Nos habían comentado que era un restaurante muy mono, con comida muy natural y muy rico, como de la abuela. No fallaron.

La Granja Rural Food es un restaurante, en la calle Ferraz (la paralela a Pintor Rosales) donde se quiere plasmar claramente una cocina hecha en casa y con productos naturales, de la granja. Ellos mismos se presentan como una 'cocina de campo en época de vacas flacas'. Todo el local está decorado con una serie de muebles que parecen recopilados en los trasteros de nuestras abuelas puestos con mucho estilo.


Armario de vasos y copas

El local es muy fácil que te lo pases, ya que cuenta con una fachada a la calle Ferraz bastante estrecha y rodeada de restaurantes mucho más grandes. La puerta de entrada está llena de cencerros para darte la bienvenida a este microcosmos rural.

Nada más entrar te encuentras con un pequeño mostrador tapizado con una tela rústica en el que están el grifo de cerveza y diferentes elementos decorativos siendo el más llamativo una oveja que parece que se asoma por el mostrador para ver quién está entrando por la puerta. Un detalle muy divertido y que por supuesto concuerda perfectamente con el leitmotiv del restaurante.

Simpática afitriona que te da la bienvenida detrás de la barra


Tiene numerosos detalles por todo el restaurante, elementos que parece que ya nadie les daba ningún uso y que han ido recopilando y reutilizando para crear nuevas piezas con ellos. Desde cencerros, lámparas con tenedores, viejos marcos de ventana y toda clase de aparejos empleados en el campo. Desde luego muy original el lugar y haciendo honor a su nombre y concepto. 

Detalles de la decoración


Hay que decir que el encargado (o dueño, no sabríamos precisar) era simpatiquísimo, es más, un cachondo (en el buenísimo sentido de la palabra). Cada vez que se acercaba a la mesa te contaba alguna batallita muy graciosa. Llevaban el servicio de unos 30 comensales entre él y una chica, también muy agradable, con vestimenta de campo.

Pizarra con los picoteos



El local era pequeño, lo dicho entre 20 y 30 comensales, pero muy acogedor y agradable. Nos comentaron que lo iban a ampliar con el de al lado, 'tirando un tabique'. El local tiene un pasillo con unas mesas pequeñitas y la barrita que os hemos comentado antes y al fondo un comedor un poco más amplio. Cuando cenamos allí eramos tres mesas de unos 6 comensales cada uno, y en caso de organizar una comida para mucha gente te cerrarían la sala creando un acojedor reservado. Parecía que estuvieses cenando en el salón de la casa de unos amigos de toda la vida.

Nuestra mesa



 Ahora comenzamos con la carta, muy rústica ella, unos folios organizados en 'la huerta', 'el picoteo', etc... sobre una tabla de madera y unidos con una pinza de madera. Así de primeras, todo tenía muy buena pinta y resultaba apetecible. Seguimos arrepintiéndonos de no habernos pedido unos huevos fritos con jamón, bueno así tenemos excusa para volver. Cabe destacar que tenían jarra de agua, que es algo de agradecer ya que el agua de Madrid está muy buena.

La carta
De aperitivo trajeron unas patatas fritas muy ricas servidas en una caja de huevos. Volaron. Pedimos, como nos gusta hacer, todo para compartir, picando todos de todo. Primero nos sirvieron una escalibada con queso de cabra, habíamos pedido la de perdiz pero no les quedaba. Tampoco pasa nada porque estaba buenísima, eso sí, vimos que quizás las raciones fueran un poco pequeñas en función a su precio.

Escalibada de verduras con queso de cabra (10€)


Como podéis comprobar, la vajilla del restaurante es la de toda la vida de nuestras abuelas, la de Duralex, que había en varios colores. En este caso era la marrón, vasos incluidos. Un detalle que nos gustó mucho a todos y que nos trajo buenos recuerdos de nuestra infancia en casa de nuestras abuelas. Incluso la presentación de los platos parecía de nuestras abuelas, más preocupadas en la calidad de la comida que en otra cosa, aunque les faltaba la cantidad.

Luego nos trajeron unas croquetas (como no), pedimos media ración de las de jamón y media de las de boletus. Estaban buenas pero no fue lo que más nos gustó de la cena. Eran 10 croquetas en total así que pudimos tocar a una de cada tipo por comensal.

Croquetas de jamón y de boletus (12€)

Luego seguimos con las berenjenas rebozadas que estaban muy buenas, como las que podrías hacerte en tu casa. Con un rebozado muy fino y sin grasa.

Berenjenas rebozadas (9€)

Después nos trajeron unos tomates verdes fritos, que no estamos acostumbrados a comer, de hecho la Sra Sibarita era la primera vez que los probaba. Resultaban muy jugosos en la boca y la salsa les daba un toque muy rico. Recomendable pedirselos.

Tomates verdes fritos (10€)

 Ahora llega el plato que triunfó: los huevos escalfados sobre risotto de boletus y trufa negra con queso parmesano. Estaban como para ponerse a mojar pan y olvidarte de los cubiertos. ¡Riquísimos! Este plato, junto con los tomates y la escalibada, fueron los mejores. En la carta lo llaman el plato gourmet y lo ponen para dos personas, pero la próxima vez, el Sr. Sibarita se los va a comer el solito.

Huevos escalfados sobre risotto de boletus y trufa negra con queso parmesano (16€)

Llegados a este punto estábamos saciados pero desde luego no llenos y teníamos hueco para degustar alguno de sus postres. Quizás el Sr. Sibarita, con su metro noventa, podría haber seguido comiendo más, pero también es que tiene mucho saque. El resto parecían listos para los postres. Pedimos, también al centro, una tarta de queso y otra de zanahoria.

La tarta de queso era de las frias, con la galleta crujiente y la masa del queso muy cremosa. Se notaba que estaba hecha en casa. Nos gustó mucho a todos.


Tarta de queso (6€)


La tarta de zanahoria, si os somos sinceros, no somos muy especialistas en este tipo, pocas veces las hemos comido y no sabríamos valorarla, pero desde luego dimos cuenta de ella y voló en un santiamén. Tenía el detalle de una zanahoria de fondant encima de la tarta muy gracioso.

Tarta de zanahoria (7€)

Como no iba ser menos, el café en la bandejita de la abuela y con dos obleas gigantes, ni se veían la taza ni los azucarillos. Qué simpático ese detalle. Hace tanto que no comíamos una oblea que se nos había olvidado lo buenas que estaban.

Café con leche y dos obleas (2€)


Bueno, después de todos esos platos, 5 cervezas dobles (marca Brabante), un par de copas de vino y una botella mediana de agua (la pedimos sin saber que también servían jarras del grifo), pagamos 102,50€; 20,50€ por persona. No demasiado caro con lo rico que estaba pero echamos en falta unas raciones un poco más generosas. Nos quedamos con ganas de tomarnos una copita de postre pero queríamos ir a un sitio próximo. 


La cajita la cuenta
Les deseamos mucha suerte al restaurante, que lleva casi un añito abierto, y ofrece esta cocina tan natural, sincera, cercana y valorando la materia prima.

Para finalizar, las puntuaciones, que siempre es la parte más difícil y que más nos cuesta. Ya que todos los sitios son dignos de visitar pero desde nuestra humilde opinión y para gustos los colores claro, intentamos valorar según nuestra experiencia de pequeños sibaritas.
Gracias por leernos y seguimos en contacto.

D+I

¡Por cierto! En varios de nuestros sitios sibaritas nos están diciendo que sois muchos los que ya vais de nuestra parte y eso nos alegra un montón. Así que os pedimos como favor que sigáis diciéndolo y luego nos contéis qué os ha parecido. ¡Muchas gracias sibaritas! 
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Datos de interés:

La Granja Rural Food
Calle Ferraz nº36, Madrid
+34 910 11 54 54 
Precio medio por persona: 15-25€
Página web

2 comentarios:

  1. Menos mal que no os pusieron el pollo en sus dos versiones, picantón (seco) y al ajillo de toda la vida (raro). A mi no me gustó nada.
    María Hoyos

    ResponderEliminar
  2. Eso es que no habéis probado el Capon.....para quedarse alli toda la noche solo comiendo eso.
    Ya he ido 3 veces, y volveré seguro.

    ResponderEliminar

 

Sobre nosotros

Somos Irene y Dani, una joven pareja de arquitectos, o eso intentamos, que llevamos unos cuantos años juntos disfrutando de esos pequeños detalles que hacen que guardes un maravilloso recuerdo ya sea de un restaurante, hotel, ciudad o una calle sin nombre.
Aquí vamos a ir recopilando toda esa clase de lugares especiales y únicos que os aseguramos que no os arrepentiréis de visitar.

Definición de sibarita

Según la RAE:
Dicho de una persona: Que se trata con mucho regalo y refinamiento.
Según nosotros:
Dicho de una persona que siente amor hacia los pequeños detalles que tienen las cosas hechas con cariño, esmero, pasión, constancia y seriedad. Son capaces de extraer el placer de vivir de cualquier cosa, situación o lugar.

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